E. Turú: «El clericalismo hace difícil entender un religioso que no sea sacerdote»

Dieciséis años de servicio en la Casa General y la publicación de un libro con las cartas dirigidas a los Maristas de Champagnat durante la preparación del Bicentenario son una buena razón para encontrarnos y conversar con el hermano Emili Turú, al que sorprendemos en el comedor de El Casal, Barcelona, calentando la cena para los hermanos de la comunidad…

La cita es para después de la cena y durante la misma me pregunto si al hermano Emili se le pasaría por la cabeza alguna vez la idea de que algún día llegaría a ser superior general del Instituto Marista. Han pasado ya más de cuatro décadas de su primera profesión y nos gustaría aproximarnos a la versión más íntima del hermano que ha estado al frente del Instituto durante los últimos ocho años y acaba de finalizar su mandato con el XXII Capítulo General…

¿Qué queda del joven Emili que emitió sus primeros votos allá por 1975?

Espero que quede mucho de lo que había entonces. Recuerdo que hace unos años me vino a visitar una amiga a Roma y cuando se despidió me dijo: «Oye, estoy muy contenta porque veo que no has dejado de ser tú». Y yo creo que para mí eso era importante.

Cuando empecé como superior general me dije que lo importante era que tenía que ser yo mismo, que no tenía que dejar de ser yo para parecerme a nadie o ser qué se yo quién, sino ser el yo más auténtico y ponerlo al servicio del Instituto. Evidentemente han cambiado muchas cosas en mí, ha habido una evolución humana, espiritual, psicológica… en algunos aspectos no me reconocería, pero esencialmente el mismo. Espero que quede mucho de ese joven que hizo esa promesa.

Has impulsado y animando durante varios años «Un nuevo comienzo»… ¿Cuál será el nuevo comienzo de Emili ahora que se aleja de un cargo de tanta responsabilidad?

He estado pensando que, durante estos años, he escrito, he recomendado cosas, he animado el Instituto… me decía que ojalá tenga la oportunidad de ponerlo en práctica yo mismo. Entonces, cuando hablo ahí de la vivencia comunitaria, de ser capaz de construir comunidad intercultural, abierta, de rostro mariano… una persona con profundidad espiritual y también, de estar en las fronteras. Entonces, espero tener la oportunidad de desarrollar mi próxima etapa en un lugar de frontera del mundo de hoy.

Los escritos a los que haces referencia (las cartas dirigidas a los Maristas de Champagnat) acaban de publicarse y presentarse en forma de libro. ¿Podemos considerarlas el testimonio espiritual del decimotercer sucesor de Champagnat?

Son, evidentemente, cosas que en mi interior han estado ahí, hirviendo durante mucho tiempo, ¿no? Para mí el reto era cómo transmitir todas esas inquietudes, cómo entender hoy la vida marista con hermanos, laicos, ponerlo en un lenguaje accesible, moderno, incluso con una presentación distinta… algunos hermanos se ponían nerviosos porque decían que eso era totalmente distinto, eso no eran circulares, eso era otra cosa… lo más importante no es que se puedan coleccionar bien y que tengan el formato de siempre.

Lo importante es que la gente lo pueda leer, lo pueda entender y que luego dé espacio para reflexionar y compartir. Sí, realmente, son temas que llevo en el corazón y he intentando ponerlo en un lenguaje lo más sencillo que he podido.

Ese lenguaje que utilizas suena hasta poético: «El futuro tiene un corazón de tienda»; «Montagne: la danza de la misión»… no solo los títulos de tus cartas, las páginas interiores están salpicadas de metáforas… ¿encuentras en este recurso la mejor forma de aproximarte a lo que quieres expresar?

Sí, porque yo creo que es muy sugerente. El lenguaje teológico muchas veces es tan sólo dogmático, entonces, ahí no hay nada que discutir, es esto y punto. Cuando en realidad, sobre Dios, ¿qué conocemos? Pues a través de Jesús y poco más.

Entonces, yo creo que el lenguaje poético es el más adecuado para hablar sobre Dios porque es sugerente, estimula, evoca… y he visto que en muchos lugares del mundo la gente ha tomado las metáforas enseguida y ha hecho desarrollos: lo del ADN, la danza… son aspectos muy sugerentes y la gente que, sobre todo, se dedica a la educación encuentra todo esto muy pedagógico y lo toman y lo hacen suyo; una vez que lo hacen suyo lo desarrollan ellos, crece… Con eso me parece que he conseguido la finalidad que quería, que era enganchar con la gente y que luego fueran ellos los que desarrollan las ideas.

Son muchas las palabras dichas y escritas en tus discursos y mensajes durante todo este tiempo de servicio al Instituto… ¿alguna te ha resultado especialmente pegadiza, de la que no podías desentenderte?

Algo que he visto que ha enganchado mucho es lo de «rostro mariano de la Iglesia». El caso es que ahora lo usa todo el mundo y parece una cosa que venga del padre Champagnat, pero en realidad yo lo empecé a usar en el 2010, o sea, después del Capítulo General, con la circular «Nos dio el nombre de María», es decir, es como recuperar ese aspecto mariano. Creo que en el fondo lo sentíamos, pero nos faltaba darle forma. Tenemos una misión en la Iglesia y como Maristas es aportar este rostro mariano y la gente enseguida se ha identificado. Probablemente esto sería algo que aprecio mucho.

Vayamos a alguna de esas palabras más recurrentes en tus discursos y que recuerdan al papa Francisco: periferias… ¿Qué periferias existenciales son más urgentes de atender desde la misión marista?

En cada continente es distinto, cada continente tiene su peculiaridad… las periferias existenciales en España son distintas a las de cualquier país de América, de África… yo creo que las periferias existenciales tienen mucho que ver con lo de dar sentido a la vida, pero que en el fondo tendrá sentido distinto según el contexto. En algún lugar es de supervivencia y encontrar un sentido porque no hay ningún horizonte vital y en otros es que, teniendo muchos horizontes abiertos de posibilidades económicas, culturales, etc. lo que se quiebra son otros valores y otros aspectos. Sí, creo que tiene rostros distintos según los lugares.

Si tuvieras que poner un título a tu período como superior general del Instituto, ¿cómo te gustaría verlo publicado?

Esto suena a lápida ya, eh… [risas del entrevistado que arrancan también las del entrevistador]. Supongo que el tema intercultural sea importante. El hecho de que este Capítulo General haya tomado con fuerza esto de «una familia global» no es casualidad. Ya se habló de ello incluso en los dos capítulos anteriores, pero era algo periférico. Yo creo que a este asunto le hemos dado fuerza y hemos insistido mucho en el tema de considerarse parte de un cuerpo global e ir más allá de esas fronteras ridículas y artificiales de nuestras Unidades Administrativas, Provincias…

Volviendo a ese momento en el que te conviertes en superior general, me gustaría saber si te quitó alguna vez el sueño ese «peso», o, mejor dicho, esa responsabilidad de ser el sucesor de Marcelino.

La verdad es que no. Si alguna vez me ha quitado el sueño fueron situaciones particulares de una persona, de una provincia… pocas, pero no la responsabilidad en sí. No sé si es por inconsciencia -el papa Francisco dice que sintió una fuerza especial- pero, la verdad es que yo también, confieso que no es mérito mío.

La verdad es que yo estaba muy nervioso antes de empezar, porque cuando en el Capítulo General la gente me empezó a preguntar por mi salud, por cómo me encontraba y cosas parecidas… dije, «Dios mío, esto pinta mal». Pero, luego, a partir del momento de la elección sentí una gran paz y mucha confianza, sobre todo cuando entendí eso de que se trataba de que tenía que ser yo mismo, por el resto no se trataba de hacer cosas raras, así que lo viví con paz.

Hacías referencia a situaciones particulares que te quitaron el sueño, ¿coinciden estas con los momentos más duros que te tocó vivir como superior?

Aunque no haya sido directamente como implicado diría que las crisis que se han vivido en distintos lugares del mundo por situaciones de abuso… sí, esas me han tocado de manera particular, aunque no lo he vivido en primera persona como los provinciales que han tenido que dar la cara y hacer manifestaciones públicas… pero, claro, te obliga a pensar: ¿qué pasa ahí?, ¿por qué ocurrió eso? y, sobre todo, ¿qué aprendemos de esto?, ¿qué tenemos que evitar para que no vuelva a ser caldo de cultivo para el futuro?

¿Qué se puede hacer? ¿De qué manera Maristas se tiene que convertir ahora en parte de la solución si en el pasado fue parte del problema, como tú mismo has señalado en algunos mensajes, para dar respuesta a este serio problema y liderar incluso a nivel de sociedad civil la respuesta más adecuada?

Para mí eso es importantísimo, no tenemos que estar continuamente a la defensiva. Ha habido situaciones de escándalo, situaciones de abuso, claramente en el pasado; se trata de reconocerlas y asumirlas; al mismo tiempo hay que pedir perdón, hay que favorecer reconciliación, hay que compensar, en fin, todo lo posible para que eso no vuelva a ocurrir y para que las víctimas puedan vivir su vida de la mejor manera posible.

Dicho esto, hay que reconocer que es un fenómeno social, está saliendo a la luz continuamente… el abuso de menores es tremendo, las cifras de las que hablamos son una cosa tremenda… entonces, si realmente estamos en la defensa de los niños eso tiene que estar en nuestra agenda. Y, luego, habiendo sido nosotros parte del problema, debiéramos liderar soluciones de cara al futuro y hacer todo lo posible por contribuir a erradicar ese problema.

Por el contrario, también has vivido momentos muy gratificantes al impulsar proyectos novedosos que mostraban lo vivo que está el Instituto, ¿cuál ha sido el proyecto que te ha hecho más ilusión llevar adelante, con el que te has sentido más implicado? 

El primero que me viene a la mente es el de La Valla 200>, las nuevas comunidades internacionales y la respuesta tan positiva que hubo; en realidad surge de la misma Conferencia General, tampoco fue por casualidad; lo que se vivió como la experiencia Ad Gentes fue muy positivo, entonces, desde el mismo Instituto yo creo que se ve que ese es un camino para tirar adelante.

Me parece que es un camino de futuro muy importante. Otro que subrayaría también porque me ha parecido que ha sido muy providencial y que ha ido saliendo casi mágicamente, lo cual significa que el Espíritu estaba por medio, es el de Líbano, el Proyecto Fratelli. Fue muy bonito como fue naciendo, con unas «casualidades» que me dijeron sí, sí, esto es de Dios.

Abramos ahora un poco el zoom y movámonos a un escenario más amplio como es el eclesial. Alguien nada sospechoso como Ratzinger dijo hace ya bastante tiempo que «la Iglesia es el principal obstáculo para la fe» de muchas personas, ¿sigue siendo la Iglesia un obstáculo insalvable, especialmente para los jóvenes?

¿Qué Iglesia? (pausa) Yo creo que en algunos países los jóvenes se sienten muy lejos de la estructura eclesial. No les dice nada. Y en cambio, una Iglesia de rostro mariano, acogedora, que se pone a su nivel, que escucha, que es samaritana, que se adapta a su lenguaje… yo creo que sí les resulta atrayente y dicen: «oye, eso sí me interesa».

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Fuente: periodistadigital.com

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